Las funciones ejecutivas son procesos y habilidades cognitivas que nos permiten asociar ideas, movimientos y acciones simples para llevar a cabo acciones más complejas adaptándonos al medio y resolviendo problemas.

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El desarrollo de las funciones ejecutivas se vincula a la maduración cerebral que acaba de producirse en la edad adulta. Por ello, estas funciones podemos trabajarlas desde edades tempranas, aprendiendo así a analizar lo que queremos, cómo poder conseguirlo y cómo actuar para conseguirlo.

¿Cuáles son algunas de las denominadas funciones ejecutivas?

  • Organización: controlar el tiempo para alcanzar el objetivo administrando las tareas y estableciendo objetivos.
  • Planificación: elaborar planes y estrategias para conseguir un objetivo concreto.
  • Fijar objetivos: decidir hacia donde dirigir nuestro trabajo.
  • Toma de decisiones: seleccionar las conductas necesarias para iniciar, desarrollar y finalizar las acciones.
  • Inicio y finalización de tareas: iniciar las tareas en un momento concreto y fijar la terminación de las mismas.
  • Atención: evitar las distracciones por estímulos. Mantener la atención sobre la tarea.
  • Anticipación: prever los resultados y las consecuencias de una acción.
  • Flexibilidad: cambiar los planes, nuestro modo de actuar y poder rectificar.
  • Supervisión: revisar la tarea, el modo de hacerla y solucionar errores.
  • Memoria de trabajo verbal y no verbal: almacenar la información y retenerla para que el sujeto pueda actuar con ella a nivel verbal y no verbal.
  • Inhibición: es una de las funciones ejecutivas más relevantes. Consiste en detener y regular la reacción ante un estímulo siendo capaces de reflexionar y resistir los impulsos para que no interfieran en la tarea o conducta.

Autora del artículo: Verónica García García (Ver Curriculum)

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